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—Mamá, ¿por qué la luna me sigue?
Pensé en explicarle cómo funcionaban los planetas, pero la luz como medida de distancia a esa edad (a cualquier edad, quizás), es incomprensible.
Creí que lo mejor era decirle que nos sigue a todos, pero no. La autoestima se construye temprano, y todavía daba sus primeros pasos como para explicarle que él era igual al resto (no lo era, por supuesto, tan solo por el hecho de ser mío).
—¿Y por qué pensás que te sigue?— le pregunté, con la cobardía de los que retrucan para ganar tiempo.
Lo pensó, y vi que no era fácil. Hasta frenó en la calle, miró hacia arriba, a su alrededor, y después a mí.
—¿Será que le llama la atención que todo lo que tengo, también brilla?— me agarró la mano, y siguió caminando— Sí, sí—concluyó—. Debe ser eso.
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