Tengo una obsesión con la perspectiva, una fascinación con el tiempo, y una consciencia encarnada sobre el poco control que tengo sobre mi vida en general.
Esos son los tres ejes de mi escritura, y a todos los ata el mismo hilo conductor: la magia.
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El que diga que la magia no existe, no ha sabido dónde buscar.
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Unos zapatos tirados en la calle se transforman en el síndrome de fiestitits aguda, enfermedad benigna que confunde a los creyentes en Reyes y los hace dejar los zapatos en cualquier parte.
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​La excesiva cantidad de mariposas un domingo no puede hacer otra cosa que presagiar que, en ese lugar, se enterró un cuerpo hace años.
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Las canas son cenizas de ideas que prendieron fuego, y la foto de un enchufe dispara una historia sobre patadas eléctricas y amor.
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En pleno auge de la IA, el valor del humano está en ser impredecible.
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En esa palabra, estoy yo.
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