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La milimétrica precisión de la sonrisa que solo nace cuando quiere un favor.
La fuerza de los besos que pretenden ser algo más.
El disfrute lento de la lengua que pide permiso.
La nota pegada en la heladera con un —te amo— escrito en apuros.
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El amor y el deseo son dos idiomas que, cada tanto, coinciden, pero esa coincidencia no la atribuyo al azar.
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Es intuir qué se está buscando en la plena conciencia de lo que uno vale.
No debemos hacer lo que no queremos que nos hagan.
Mi amor es eso, pero al revés.
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Quereme como te quiero: milimétrico, con fuerza, con disfrute,
y con un te amo apurado antes de salir.
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